Oct 012004
 

Negociaciones contra reloj y subida a bordo

La búsqueda del pasaje ideal

El taxi nos dejó en la que aparentemente era la primera de las agencias de la calle que transcurre paralela al muelle. El precio resultó ser similar al del aeropuerto, aunque esta vez sí que eran dos noches.


Tomamos nota y caminamos calle abajo hasta la siguiente agencia. Aquí nadie parecía hablar Inglés, pero nos hicieron señas de que nos sentáramos y un empleado hizo una llamada y me pasó el teléfono. Una voz en Inglés me dijo que esperase un par de minutos, que enseguida venía y así fue. Se presentó un comercial dispuesto a vendernos su viaje. El precio seguía rondando los 1200 yuanes solo que este parecía más de fiar y más convincente. Al menos, entre otras cosas, nos había puesto por escrito y en Inglés, todo lo que iba incluido y lo que casi era tan importante debido a nuestra premura de tiempo, las fechas y horas en las que se llegaba a cada sitio. Añadió en el precio el viaje en bus desde Yichang a Wuhan. Algo que al parecer hacemos todos en esta ruta y que además de ahorrarnos el billete, nos evitaba el andar buscando el bus ya que se encargaba una persona de la agencia de esperarnos en el destino y llevarnos hasta el bus.
Finalmente, ante nuestra insistencia en ver fotos “reales” de los camarotes, nos ofreció ir al barco a verlos y allí cerramos el trato.

El camarote estaba bastante bien. Y al final nos pedía algo más de dinero porque a pesar de ser de 4 plazas se quedase para nosotros dos en exclusiva. Cosa que no le debía costar mucho porque estos viajes ya no son lo que eran y los camarotes de segunda y primera estaban bajo mínimos de ocupación.
Total 1200 Yuanes por barba por un viaje de tres días / dos noches y algunas excursiones.

Estos precios incluyen todos los “extras”. Es decir, las excursiones y billetes para teleféricos, etc. Te suelen contar milongas sobre cuánto cuesta cada “extra” o atracción individualmente, pero realmente lo que estás negociando es un precio final.
Hay quien es partidario de pagar sólo el billete de barco y luego las excursiones individualmente. Incluso no hacer todas. Pero dado lo complicado que resulta a veces seguir a los escurridizos guías incluso teniéndolo pagado, puede que lo de buscarte la vida en cada parada no sea tan buena idea.

Las otras occidentales en el barco, dos chicas alemanas, consiguieron camarote de primera por el mismo precio. Aparentemente es mejor negociación, sin embargo nosotros contábamos con el camarote más amplio del barco y sobre todo, con las literas superiores que al no usarlas servían para dejar y extender el equipaje. En primera, hay camas en vez de literas, así que según los gustos y necesidades cada uno puede elegir qué prefiere negociar.

Estas fotos son del camarote:

¿ Sigue siendo interesante el viaje por el Yangzi?

En Octubre de 2004, el nivel de las aguas había subido 140 metros sobre el original debido a la construcción de la presa y no tardará en alcanzar los 175 finales. Esto se traduce en que las famosas gargantas que eran el principal atractivo del viaje, ya no son tales, habiéndose convertido en un simple viaje por río, que tampoco está mal, pero evidentemente, no es lo mismo. A pesar de ser la semana de vacaciones de la festividad del 1 de octubre, sólo los camarotes más económicos estaban llenos. Es muy posible que en los próximos años estos viajes se abaraten o pasen al olvido para los occidentales. Siempre es interesante un viaje por río, pero no a esos precios en ese país.

Embarcando…

Al regresar a tierra nos llevó a las oficinas que están en una calle cercana y ahí realizamos la operación. Nos informó de que el súper del barco era caro y aprovechamos para hacer unas compras en un tienda cercana.
Regresamos a la agencia a por el equipaje y conforme llegamos un empleado hizo la correspondiente llamada telefónica y me pasó con el vendedor que me dijo que ya venía. Junto con las dos chicas alemanas partimos hacia el muelle y embarcamos.

En el barco nos explicaron que podíamos comprar unas tarjetas que por 50 yuanes nos daban acceso a la cubierta de proa (acristalada) donde teníamos té gratis todo el viaje. Por el doble o así, parecía que podías comprar en el súper, cosa que no cuadraba mucho, pero el texto en casi-Inglés no había quien lo entendiera. Las alemanas tuvieron la suerte de encontrar a la única persona en el barco que chapurreaba un poco de Inglés (un policía) y les explicó que a lo que daba derecho era a descuentos en el súper, con lo que ya no era tan caro. Y compraron una de cada, con lo que la compra la hacía la que llevaba el pase amarillo. Toda una demostración de sentido práctico femenino. Nosotros ante la duda, nos quedamos con las del té en proa.

Pronto anocheció. Tal vez por ser el Primero de Octubre, o tal vez por costumbre, pero los edificios de Chongqing así como los barcos se iluminaron con miles de luces lo que confirió aire de postal al momento. A eso de las siete zarpamos.