Tongging, el otro lado del lago Toba

El lago Toba es conocido por la isla, o mejor dicho península de Samosir, y por la otra península minúscula que es Tuk Tuk, donde se concentran una sobredosis de hoteles y restaurantes para turistas occidentales vacíos a la espera de que sus empresarios se decidan a hacerse ricos en menos meses. Pero en su extremo norte, existe una pequeña localidad arrinconada sólo para el turismo local que es Tongging.

El  pueblo en sí, es majete y pintoresco, con la gente, igual que la de la zona, muy amable y simpática. Lo malo es que pasé siempre en vehículo, moto u opelet, porque apenas tenía tiempo de estar una tarde. Pero dado que la zona pintaba bien, alquilé un motorista para llevarme a las zonas de interés. Que son varias y se pueden recorrer por tu cuenta fácilmente.

Acordé un tour con el dueño (o regente) del hotel Wisma Sibayak donde me alojaba para poder hacerlo en una tarde. Y, aunque no es lo mismo, también sirve para contarlo y que podáis ir otros después. Yo tenía unos apuntes sobre Tongging sacados de la página http://www.sumatraecotourism.com, de la que por cierto había algunos posters en el restaurante del hotel. Y se los planteé a Eddy. Tuvimos que esperar un rato porque la moto de Eddy estaba sin gasolina y llamó a un hermano suyo para que viniese con una con el depósito lleno.

Primero fuimos al pueblo de Kondon-kondon (a veces le ponen el “Si” delante del nombre), que está a pocos kilómetros del hotel y se puede ir andando. Por el camino Eddy me preguntó que si sabía qué había de interés en el pueblo y yo le dije que algo de una estatua de piedra había leído en la página. Llegamos al lugar y empezamos a dar vueltas buscando a alguien, pero los pocos por la calle parecían ser los que habíamos visto en el bar. Al final vimos a un anciano y Eddy le preguntó sobre las piedras. Éste, muy amable, nos contó la historia que narra la leyenda y nos llevó hasta una de ellas.

Como las culturas locales eran animistas, creen y veneran las cosas grandes como las grandes piedras. Parece ser que había dos piedras, una en el borde del lago y otra en la montaña. La de la montaña, un día, hace como unos doscientos años, cayó junto al pueblo, y la asociaron a la que hay junto al lago. La que cayó tiene la forma de la cabeza de una serpiente cobra, con el cuello algo más hinchado y está continuada por varias rocas que hacen la forma del cuerpo y la cola de la serpiente. Para ellos es un espíritu, en este caso masculino, relacionada con la piedra que hay al borde del lago que es la parte femenina. Y que hoy los chavales que ya no creen en estas cosas utilizan como lugar de baño y recreo.

Volviendo del pueblo, pinchamos la rueda trasera. Eddy se marchó con la moto al hotel para cambiar la gasolina de depósito y venir con la suya. Mientras tanto, yo continué caminando y haciendo fotos del lago y las piscifactorías que son llamativas. Además que los días en Tuk Tuk había estado nublado y por fin veía el lago en su esplendor de colores.

Una vez me alcanzó de nuevo Eddy con la otra moto emprendimos la subida al pronunciadísimo puerto en dirección a la cascada de Sipiso-piso. No olvidemos que esto es la ladera del cráter de un volcán inmenso por lo que las paredes de entre cien y doscientos metros son vertiginosas. La moto tenía sus problemas para los últimos tramos con dos personas, una de ellas de 110 kilos.Wink

La catarata de Sipiso-piso tiene el salto más grande de Sumatra, 120 metros. Para fotografiarla mejor al mediodía que es cuando tiene el sol a favor. Por la tarde, ya lo tenía en contra y la cosa se complica al quedar en la sombra. Aunque no pierde espectacularidad.

Después, subiendo un poco más el puerto, llegamos a la aldea de Pangen Batan. Queda una casa típica sólo. Bueno, dos, pero la otra no tan llamativa. Por lo que me contó Eddy, parece ser que por aquí las cosechas se dan bien (el suelo volcánico es muy fértil) y la gente aprovecha el dinero para construir casas más modernas. Vamos, lo que hemos hecho todos.

Mientras hacía las fotos de la casa, el dueño se acercó y me hizo señas de que pasara a hacer fotos dentro. La verdad es que aunque los tejados varían y se dan diferentes subculturas en Indonesia, las casas por dentro no difieren tanto. Incluyendo algunas que vi en Myanmar de donde también ha llegado gente a las islas huyendo de sus respectivas invasiones.

Imaginaba que me iba a pedir algo de dinero, pero no. Así que les propuse que pusieran a los niños, a los que les encantaba salir en las fotos, juntos y les hice una que luego les imprimí con la Polaroid de bolsillo y les hice unas copias en agradecimiento.

Finalmente regresamos casi hasta el pueblo para acercarnos a Sibolangit. Este pueblo en sí, no tiene nada de especial, salvo que está en la península que más se adentra en el lago por esta zona y desde ahí se tienen vistas muy espectaculares. Mejor acercarse antes del atardecer, ya que las sombras juegan malas pasadas para las fotos.

Saludos,
Colegota

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