Dic 022015
 

Buenas,

todo lo que vengo publicando estos días transcurre en realidad por lo que son los valles centrales de Oaxaca, pero es que le tenía que dar un título a esta serie.

Comencemos por el árbol de El Tule. El árbol más gordo ancho del mundo certificado por el Libro Guiness de las cervezas.

Aunque donde hay que apreciarlo es en el tronco, 58m. de circunferencia. Una pena no poder acercarse más para la comparativa. Yo creo que me favorece.

Otra cosa que crece por estos valles son los talleres de artesanía y el amor por Frida Khalo.

Y si de florecer hablamos, no digamos de los cultivos del magüey y sus correspondientes mezcalerías. Tienes que probarlos todos y además de los de la foto tienen con todas las frutas y frutos del mundo. ¡Un sinvivir!

Pero ya lo dice el refrán:

La verdad es que estaban muy ricos y son lugares donde se hace de manera artesanal todavía. Estaba dispuesto a comprar cuando me recordaron la estúpida norma de que no puedes subir líquidos en los aviones si no los has comprado en el aeropuerto (sic).

Dejamos los valles por un momento y ascendemos por la Sierra Madre.

Llegando a Hierve el Agua. Un conjunto de piscinas y cascadas de cal petrificada formadas por la alta concentración en el agua y el tiempo, mucho tiempo.

Unos kilómetros y una comida más allá, llegamos a Mitla. La ciudad que ocupó el lugar de Monte Albán tras el ocaso de esta.

Los pocos edificios que quedan muestran un gran conocimiento de la arquitectura y de otras técnicas y saberes.

Aquí hay unos cactus cuyas espinas se te clavan y circula la savia de la planta que te adormece y luego te hace ver cosas raras.

Por último, ya camino de vuelta, una pintura rupestre datada en unos 12.000 años. Parece que la cueva que se ve colapsó y quedó al descubierto.

Y eso es todo por hoy.

Saludos,
Colegota

  2 Responses to “Por los valles de Oaxaca”

  1. Una pasada el sitio de Hierve el Agua, aunque yo no me pondría tan cerca del borde 😀

    • Estuve ahí donde esa primera foto, que es desde donde está sacada la tercera del sitio, y como la roca es redondeada no hay forma de ver hacia abajo. Y a tres metros la sensación de vértigo y peligro es tal que te echas para atrás.

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